Definitivamente los Domingos no son aptos.
Es el día más desequilibrado de todos.
Sin duda.
Depende del Domingo, claro, o me levanto de buen humor o directamente no me levanto... es decir, hay Domingos en los que no existen las mañanas para mí.
Y los incontables cambios anímicos producidos en menos de 30 minutos, son insoportables:
- "Ahora estoy contenta, es Domingo y no tengo nada qué hacer, no tengo de qué preocuparme."
-"Ahora estoy deprimida, es Domingo y no tengo nada qué hacer, otro día menos en mi vida, otro día más..."
Y así puedo continuar.
Euforia.
Dolor.
Dolor.
Euforia.
Los Domingos son los días en los que más pienso, en los que más planifico, proyecto, organizo, etc... porque es el día MÁS AL PEDO de todos, pero, oh! casualidad, no termino haciendo un carajo. Y me frustro, porsupuesto.
Lo peor: los Domingos parece que el tiempo se hiciera chicle.
Y todo cuesta más, incluso parpadear (porque tenés más sueño de lo normal, ¡amanecés cansada!, si de Lunes a Viernes no tenés ganas de nada, los Domingos directamente dejás de existir).
El Domingo te aplasta y está cientificamente comprobado,
por mí.
ES ROBADO, PERO ESTOY MUY DE ACUERDO

No hay comentarios:
Publicar un comentario